De opinión

Francia como referente

Por Néstor Estévez

Francia es, para muchos, referente de la moda, del buen vino, de los perfumes. Para otros, de los derechos humanos o de ideas transformadoras. En fin, cada quien ejerce su libertad de asumirla como mejor le cuadre.

Ahora ocurre que esa misma Francia, la de De Gaulle, Descartes, Foucault, Morin, Napoleón, Victor Hugo, como parte de una larga lista de notables, vive otra forma de ser referente. En esa misma Francia, a estudiantes que reclamaban mejores condiciones educativas se han unido trabajadores y otros ciudadanos para protestar.

Para no hacer el cuento largo, el recién pasado sábado 17 de octubre, cientos de miles de personas salieron a las calles. Hubo marchas pacíficas, pero también enfrentamientos, incendios y graves daños. Diversos medios dan cuenta de más de dos mil detenidos y 600 agentes heridos.

Pero Francia no es un caso aislado. Desde el año pasado, en Nepal, Perú, Madagascar y Paraguay, jóvenes de la Generación Z han usado las redes para organizar protestas y expresar su rechazo a la corrupción, la falta de oportunidades y decisiones que consideran injustas.

Protestas en tiempos de virtualidad

De entrada, luce paradójico: en un mundo en donde la virtualidad parece ser la nueva realidad, las redes virtuales son usadas para difundir realidades. Bueno, realidades y también irrealidades disfrazadas de verdad.

Recordemos que ahora cualquiera dice, mucha gente le cree y hasta le ayuda a difundir desde palpitantes realidades hasta amañadas falsedades. Sobre el tema, imágenes incendiarias dan la vuelta al mundo en cuestión de segundos. Muchísima gente comparte, opina y discute. Pero ¿qué ocurre cuando una imagen pertenece a otro lugar o fue grabada hace años? ¿Cuánta gente repara en ello o se encarga de revisar al respecto? Realmente, penosamente, muy pocas personas lo hacen.

El tema ya se ha vuelto “enfermedad”. Antes de terminar de leer este texto, “productores de contenido” se habrán encargado de desviar a mucha gente de lo esencial. Por eso, mientras en Francia o en cualquier parte del mundo ocurren manifestaciones de protesta, otra batalla se libra en las pantallas: la de los relatos.

Sobran videos antiguos circulando como si mostraran protestas actuales. Nos atiborran de contenido generado con IA a disposición de gente que no sabe lo que tiene entre manos y mucho menos las consecuencias de sus acciones.

Lo penoso es que el común de la gente “no le para a eso”; sencillamente, recibe todo lo que le llega, cree y “le da pa’lla”. Así es como, con entretenimiento y manipulación perversa, terminamos “enredados en las patas de los caballos”. Y más penoso todavía: el daño no termina cuando alguien descubre el engaño. Para entonces, la confusión y la desconfianza, por no saber a quién creerle, ya pueden haberse extendido.

Un espejo para vernos

Ante semejante situación, uno termina no sabiendo a quién encomendarse. Pues, así como de esos países nos llega lo que realmente ocurre, mezclado con mucha mentira, ¿qué no ha de pasar en lugares en donde “política y pelótica” son solo dos expresiones de una amplia diversidad de entretenimientos?

Cierto es que las denominadas plataformas permiten denunciar abusos, reunir voluntades y dar voz a quienes antes tenían pocas oportunidades de ser escuchados. Sería un error verlas solamente como fábricas de mentiras porque también sirven como puertas para participar en los asuntos públicos.

El problema aparece cuando la rapidez vale más que la verdad. Una publicación que provoca miedo o rabia puede recibir miles de respuestas antes de que alguien pregunte si es cierta. Así nacen los bulos, los rumores disfrazados de noticias que pasan de una pantalla a otra y ponen a “galloloquiar” a gente que no se detiene ni un segundo para hacerse preguntas básicas.

Hay métodos sofisticados para manipular, pero también los hay muy sencillos. Basta con cambiar la fecha de un video, recortar una frase o publicar una foto sin explicar su origen. A eso se suma que ahora también existen herramientas de inteligencia artificial capaces de crear voces e imágenes que parecen auténticas.

Ahí viene un año preelectoral y otro para las elecciones. ¿Qué les parece si despertamos y nos vamos entrenando, antes de que asumamos a Francia como referente?.

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